En los vacunatorios privados hubo un incremento de aplicaciones de la vacuna contra el Covid en las últimas semanas. Muchos ahora aceptan recibir la vacuna argentina junto con la de la gripe cuando les explican que casi no tiene efectos adversos.
Hay un aumento inesperado de la demanda de una vacuna que parecía condenada al olvido: la curiosa causa
En los vacunatorios privados hubo un incremento de aplicaciones de la vacuna contra el Covid en las últimas semanas. Muchos ahora aceptan recibir la vacuna argentina junto con la de la gripe cuando les explican que casi no tiene efectos adversos.
Muy pocos se venían aplicando la vacuna contra el Covid y resucitó ahora en los vacunatorios privados. En las últimas semanas tuvo lugar una especie de resurrección de un medicamento que había quedado prácticamente en el olvido: la vacuna contra el Covid. Mucha más gente está accediendo a aplicársela, pero la salvedad de la historia es que la demanda no está ocurriendo en los vacunatorios públicos, sino en los privados.
Según pudo saber Clarín de fuentes de la cadena Vacunar, esta demanda pasó de apenas 200 vacunas mensuales a 1.200 unidades por mes, lo que representa un incremento del 500 por ciento. Para que esto ocurriera mucho tuvieron que ver dos causas: la oportunidad del comienzo de la campaña contra la gripe y, la más curiosa, qué vacuna se le ofrece a la gente.
Pese a que en números absolutos la cantidad de aplicaciones sigue siendo baja, el dato tiene un valor que excede lo cuantitativo, al marcar una tendencia en un camino hasta ahora poco transitado. “Le explicamos a la gente qué vacuna es y cómo está hecha, y ahí muchos se convencen de recibirla”, explicaron las fuentes de Vacunar.
En el sistema privado la vacuna contra el Covid que se consigue es la Arvac, mientras que en el sistema público sigue vigente la de Pfizer. La diferencia entre ambas es la tecnología que utilizan: mientras la estadounidense está hecha en base al revolucionario ARN mensajero, que puede causar efectos adversos leves más marcados (y rara vez algunos severos), la opción argentina es proteica recombinante, un clásico vacunal que la vuelve más amigable.
En el sector privado, en general el público acepta vacunarse contra el Covid cuando concurre a vacunarse contra la gripe. O al menos así responde una parte cuando escucha al personal de salud que se esmera en explicar los beneficios de recibir una dosis anual contra el virus que dio origen a la última pandemia, sobre todo si se está en uno de los grupos de riesgo. La adherencia va más allá de la percepción del peligro de la enfermedad en función del número de casos coyunturales.
El nuevo interés creciente en los vacunatorios privados contrasta con lo que viene ocurriendo desde hace tiempo en los vacunatorios públicos. Según consultas realizadas por Clarín en las provincias, la demanda de la vacuna de ARNm viene en baja, con sus consecuencias sanitarias y económicas. Su margen de descarte puede ser alto debido a que cada vial rinde seis dosis y una vez que se abre un frasco hay que usar el resto del contenido. Pero la demanda no siempre existe.
Según pudo saber Clarín, entre abril de 2024 y abril de 2026 el Gobierno recibió más de 3,5 millones de vacunas, de las cuales fueron aplicadas 1,2 millón. Según esta cuenta, sólo el 34 por ciento de las dosis adquiridas para el sistema público habrían llegado a los brazos de los argentinos.
Es llamativa la parábola que ha experimentado la vacuna de Pfizer, desde su primavera satisfecha de rebosante deseo popular en plena la pandemia a su actual otoño en que pocos recuerdan su nombre. Cuando muchos argentinos la esperaban a fines de 2020, pese a que las condiciones a priori parecían dadas para que las dosis llegaran a la Argentina con cierta prioridad, las expectativas se frustraron.
Por estos días, el juez Ariel Lijo llamó a indagatoria a la ex ministra de Salud Carla Vizzotti, al empresario Hugo Sigman y al infectólogo Pedro Cahn, en el marco de la investigación por la demora de la vacuna del laboratorio estadounidense. La sospecha del fiscal Carlos Stornelli es que esa dilación habría estado vinculada a favorecer la compra de dosis de otras farmacéuticas.
Hoy, se da el escenario inverso: el Gobierno de Javier Milei heredó un contrato con Pfizer cuyo stock pendiente sería de aproximadamente 10 millones de vacunas y se estaría analizando alternativas, por ahora lejanas. Una podría ser el intento de cambiar esos inmunizantes por otros medicamentos del mismo valor. Es decir, fármacos que sean mejor aprovechados por la sociedad en vez de vacunas cuya relación costo beneficio, una vez superada la emergencia, las ha dejado en desventaja.
Los cuadros técnicos de Salud estarían convencidos de que un cambio en ese sentido sería una solución razonable. Ahí es donde el 'ensayo' que hoy se desarrolla en los vacunatorios privados parece cobrar relevancia. “Cuando a la gente se le explica que existe una vacuna que casi no produce efectos adversos tiene menos rechazo a vacunarse”, explica a Clarín una fuente involucrada en la campaña.
En todo este concierto aparece un elemento crítico extra: el universo de los bebés y los niños. El Covid grave con internación actualmente se da tanto en el inicio de la vida -por la falta de anticuerpos- como en el final. Y eso es en gran parte debido al déficit de vacunación y a que los médicos tampoco estarían impulsando que los menores se apliquen la vacuna de Pfizer.
En este caso queda un agujero sanitario que hoy es difícil de cubrir, porque la Arvac está autorizada por la ANMAT sólo a partir de los 18 años. No obstante, fuentes de la industria confiaron que ya hay en carpeta un proyecto de estudio clínico con la vacuna argentina para poder incorporar a la población infantil como blanco desde los 6 meses de edad.
Fuente: Clarin