Luego de vivir dos de los momentos más duros de su carrera en el Philippe Chatrier, el alemán se quedó con el primer título grande de su carrera en París.Había perdido tres finales de Grand Slams, pero la cuarta fue la vencida tas superar al italiano Flavio Cobolli.
La lucha incansable de Zverev para romper "su maldición" en Roland Garros: "Algunas veces fui perdedor, pero ahora soy campeón de Grand Slam"
Luego de vivir dos de los momentos más duros de su carrera en el Philippe Chatrier, el alemán se quedó con el primer título grande de su carrera en París. Había perdido tres finales de Grand Slams, pero la cuarta fue la vencida tras superar al italiano Flavio Cobolli.
“Pasé por lesiones, desengaños, derrotas. Fui perdedor algunas veces también, en los momentos importantes. Pero ahora soy campeón de Grand Slam, es lo que cuenta”. Alexander Zverev esperó mucho, mucho tiempo para poder decir en voz alta esa última oración. Pero finalmente consiguió el triunfo que lo habilita a llamarse a sí mismo de esa manera. El alemán, por fin, conquistó su primer título “grande” al vencer por 6-1, 4-6, 6-4, 6-7 (5-7) y 6-1 al italiano Flavio Cobolli en la final de Roland Garros 2026. Y tras años eclipsado por los gigantes del circuito y batallando fuera de la cancha con problemas personales, con 29 años, se sacó una pesadísima mochila de encima y escribió su nombre en la lista de ganadores de los torneos más importantes del tenis profesional.
La victoria tuvo un sabor doblemente especial, porque llegó en una cancha en la que había vivido dos de los momentos más duros de su carrera. Allí, sobre el polvo de ladrillo del Philippe Chatrier, había sufrido una durísima lesión en las semifinales de 2022, cuando dominaba a Rafael Nadal, el rey absoluto en esta superficie. Y también allí, en 2024, dejó pasar una ventaja de dos sets a uno ante Carlos Alcaraz, el nuevo titán de las canchas lentas, en su segunda final en una cita de este nivel.
“Esta cancha es tan especial para mí de tantas maneras. Tuve los mejores momentos de mi vida en estas canchas. Y también el peor. Estaba acostado en esta esquina hace 4 años con siete ligamentos rotos y dos huesos fracturados. Perdí una final de Grand Slam acá hace dos años. Pero ahora es un final feliz”, recordó, emocionado hasta las lágrimas, tras recibir esa Copa de los Mosqueteros que tanto se le había hecho desear.
El título del Abierto de Francia, el 25° de su trayectoria profesional, es una especie de redención de un tenista tenaz y controvertido, que irrumpió muy joven en el circuito con unas condiciones físicas excepcionales para la práctica del tenis y un talento fuera de lo común, un revés excepcional y un servicio temible, pero al que le costó hacerse un lugar en la elite en plena hegemonía del Federer, Nadal y Djokovic.
Nacido el 20 de abril de 1997 en Hamburgo, Zverev se crió con una raqueta en la mano. Es el segundo hijo de Irina y Alexander, dos jugadores rusos de carreras bastante modestas, que emigraron a Alemania en 1991, después de la separación de la Unión Soviética. Ambos transmitieron su pasión por la raqueta a sus hijos, Sascha y su hermano mayor Mischa, ex 25° del ranking mundial.
Con 18 años rompió la barrera del top 100, al año siguiente entró al grupo de los primeros 50 y con 20 ya estaba entre los mejores diez del mundo. Ese ascenso estuvo acompañado por grandes resultados. En 2016, con 19 años, ganó su primer título en San Petersburgo, superando a Stan Wawrinka, que había llegado al torneo con el recuerdo fresco de su coronación en el US Open. Al año siguiente, dio el golpe al conquistar el primero de sus siete Masters 1000, en Roma, y venciendo a Djokovic. Y en 2018, se recibió de “Maestro” al imponerse en la final de las ATP Finals en Londres, festejó que repitió tres temporadas más tarde en Turín. Pero poco a poco y mientras su reputación sufría por las acusaciones de violencia doméstica de dos ex novias -una, lo llevó a la justicia y terminó aceptando un acuerdo económico- y por sus actitudes reprochables en las canchas -quejas constantes y algunos raquetazos y momentos de ira-, su carrera fue quedando marcada por su incapacidad de triunfar en las grandes citas. Lo contuvieron el eterno Big 3, primero, y, cuando ese trío empezó a declinar, una Next Gen tan ambiciosa como talentosa liderada por Jannik Sinner y Alcaraz. En 2022, él reveló que esas frustraciones tenían también que ver con una diabetes que le diagnosticaron de niño y que le obliga a inyectarse insulina en los partidos más largos.
En París, la temprana eliminación de Sinner y la ausencia por lesión de Alcaraz lo habían dejado como el máximo favorito. Y esta vez, el alemán supo gestionar la presión, los nervios y la ansiedad -con bastante esfuerzo ante Cobolli- para romper su maldición.
“Estaba sufriendo calambres. Estaba luchando físicamente, aunque creo que era más mental, muy tenso, muy emocional. Estaba un poco inestable en el cuarto set. Pero creo que los calambres me ayudaron, de alguna manera. Me solté y conecté mis golpes un poco mejor y simplemente me dejé llevar”, relató.
Hay un par de datos que reflejan el largo camino que recorrió Sascha para coronarse en un Major por primera vez. En la Era Abierta, el germano es el jugador que más partidos ganó en este nivel en su camino a su primer título. Fueron 125, 20 más que Goran Ivanisevic, que necesitó 105. Y el segundo que más apariciones necesitó en cuadros principales para gritar campeón, 41, detrás del croata (48). Además, solo dos tenistas habían ganado más torneos ATP antes de inaugurar sus cosechas en la máxima categoría, Ivan Lendl (41) y Thomas Muster (29). El alemán sumó el 25° en París.
El número tres del mundo se convirtió en apenas el cuarto jugador con festejos en los cuatro eventos más importantes del tenis, los Grand Slams, los Masters 1000, las ATP Finals y el torneo de singles de los Juegos Olímpicos. Los otros tres: Andre Agassi, Andy Murray y Djokovic.
La cuarta fue la vencida por Zverev, que había dejado escapar tres finales de Grand Slam. Perdió la de 2020 en Nueva York ante el austriaco Dominic Thiem, cuando llegó a estar 2-0 en sets. La de 2024 en este torneo, cuando estuvo a un parcial de la gloria ante Carlitos. Y la del año pasado en Australia, en la que apenas pudo molestar a Sinner.
“No soy lo bastante bueno. Tan simple como eso. No sé si algún día seré capaz de levantar un trofeo así. Pero voy a continuar intentándolo”, dijo tras esa derrota ante el italiano en Melbourne.
Ayer, demostró que sí lo es. Y en un Philippe Chatrier en el que había llorado de tristeza varias veces, esta vez lloró de alegría por una consagración que podría desbloquear su mente y convertirlo en el tenista extraordinario que parece llamado a ser.
“Tal vez eso me dé cierta libertad, tal vez mi mente estará un poco más tranquila cuando juegue finales ahora”, reflexionó. Y cerró: “Si me llaman el peor jugador en ganar un Grand Slam, no podría importarme menos. Pase lo que pase, siempre seré un campeón de Grand Slam, y nadie podrá quitármelo”.
Tanto hizo desear el primer Grand Slam de Zverev, apenas el tercer jugador nacido en la década del ‘90 en levantar el trofeo en un “grande”, que cuando finalmente lo consiguió, alegró a muchos en el mundo del deporte.
“Felicidades, Alex. Tan merecido después de todo el trabajo duro y la perseverancia. Has estado persiguiendo tu primer Grand Slam durante mucho tiempo, ¡y absolutamente lo mereces!”, escribió Rafael Nadal. Carlos Alcaraz coincidió con su compatriota: “Felicidades, Alex. ¡Lo merecés!”. Rod Laver también se sumó al festejo. “Roland Garros termina con una gran final entre dos jugadores que lo dieron todo en la cancha. Bien hecho, Zverev, un campeón merecido”, comentó la leyenda australiana. En tanto, Billie Jean King destacó: “Es el primer hombre con diabetes tipo 1 en ganar un Major. ¡Qué victoria para todas las personas que viven con esta enfermedad!”.
Fuente: Clarin