Por qué no le preocupa no parecerse físicamente al dentista que acribilló con su escopeta a sus dos hijas, su esposa y su suegra. El viernes estrena la película. ¿Dónde verla?
El dice que prefiere que la gente lo reconozca por los papeles que hace, y no por su nombre. Ha hecho telenovelas, series, películas y obras de teatro y cuenta que la gente lo llama en la calle como algún personaje, más que nada televisivo, como Rocamora, de Montecristo, o el Dr. Ponce de Padre Coraje.
Luis Alfonso Manuel Machín es un ariano de 58 años, nacido en Rosario, adonde siempre vuelve, que antes de triunfar en Buenos Aires ya había hecho una gira por ciudades de España.
Tiene un promedio, desde que empezó a actuar en cine, en 1999, de prácticamente dos películas por año. Lo que sucede es que casi no tiene roles protagónicos. Pero en Barreda, que estrena este viernes 28 de agosto en Amazon Prime Video, por primera vez la película en la que actúa lleva a su personaje en el título.
Fue Domingo Cavallo, Manuel Belgrano, el juez Jorge Fariña (en Belén) y ahora en Moria, la serie de Netflix, encarna a Carlos A. Petit, el empresario que descubrió a La One.
Pero ningún personaje de la vida real (argentino, porque fue Freud, Einstein y hasta Hitler) lo va a marcar como el odontólogo que asesinó a sus dos hijas, a su esposa y a su suegra en su casa en La Plata.
-¿Cómo seguiste el caso en su momento?-Lo seguí como la mayoría de la gente en el impacto impresionante que tuvo, y lo seguí con esa conciencia de la locura que generó en mucha gente. No solo en nombres sino en mujeres también.
-¿A qué nivel? ¿Hablás de la empatía?-Sí, sobre todo a partir de lo que empezó a circular, de cómo le decían ¿no?, que le decían "Conchita". Y era una locura. Me acuerdo que ya había empezado a venir a vivir a Buenos Aires…
-Sí, en el ’93, y esto fue en el ’92.
-En el '93, pero ya en el '92 empezaba a viajar porque estudiaba acá en Canal 13 con (Alberto) Ure y con (Ricardo) Bartis también. Iba y volvía y sí, recuerdo el fervor que había generado en muchos hombres, pero también en mujeres. “Si le rompían así los huevos, el tipo se hartó…”. Era la locura mediática de los '90 también, algo parecido a lo que sucede hoy.
-Cuando me enteré que ibas a hacer de Barreda, el parecido físico no te lo veía…-La altura, lo veía demasiado flaco o demacrado…
-Es un error pensar que todos tenemos que ser iguales a los que hacemos. Es un error en general de la concepción de que la gente tiene que tranquilizarse viendo el parecido. De todas maneras, yo lo entiendo. Yo hago Freud, yo hice Einstein, yo hice a Cavallo….
-Hiciste a Belgrano.-Y hasta hice a Hitler.
-En una serie que llamaba Edén, que tomaba por buena la idea de que Hitler había pasado por la Argentina, por el sur y había estado en el hotel Edén en La Falda y que había muerto por estos lares.
Que no me parezco es lo primero que me dicen, incluso lo veo en los comentarios de las notas que han empezado a salir, "bueno, pero no es parecido". Eso es un error, porque lo que uno tiene que tomar es el caso y basarse en eso. Esto no es un documental. Está el documental, quien lo quiere ver, está, que no tiene que ver con nosotros.
-Al margen del no parecido físico, ¿hiciste algo con respecto a la gestualidad de él? ¿Ahí sí te preocupaste por parecerte?-Pero no por una cuestión de parecerme por parecerme. Lo que es gestualidad y lo que es voz tiene que ver con lo que es la construcción y la lectura que yo hago de ese hombre. Cómo va a resonar eso en la gente. Para mí sí tiene que resonar en un timbre parecido, porque eso es lo que demuestra el comportamiento de un ser típicamente argentino, con gestualidad, tonos de voces y formas de pensar de un saber enciclopédico básico, porque Barreda era un tipo con muy pocas luces. Me parece que tiene que ser un valor a resaltar, porque a mí me acerca escucharlo, y escucharme, a lo que es este comportamiento que hizo posible la locura en la que metió este hombre a la opinión pública.
-¿Cómo fue el proceso de ensayos? ¿En qué se hizo más hincapié?-En desde dónde contar la historia, claramente. Eso es un gran acierto. Si se hubiera ponderado la conducta, el comportamiento de este hombre, no lo hubiera aceptado. Pero el libro, la dirección, la concepción de la producción, todo tiende a darle voz a las que no la tuvieron, que son estas cuatro mujeres.
-Es que no hay mucho que se sepa de ellas...
-¿Quién lo puede aportar? Salvo los novios de las hijas…
-Hay testimonios en los juicios. Hay testimonios del novio de Cecilia, que era la que había estudiado odontología. No hay que perder de vista que es una ficción basada en un hecho real. Esto es así, entonces hay una lectura de los hechos y es por lo que a mí también me convocan, yo voy a opinar con mi construcción sobre este hombre. Me lo tengo que acercar mucho, no comprender su accionar, porque no podría hacer el 60% de los personajes que he hecho en mi carrera. No lo podría hacer si no me acercara de alguna manera, no con la intención de comprenderlo, pero sí de contar la historia, de la manera lo más fidedigna posible y que genere un campo de resonancia, que también uno pueda sacar conclusiones y que no te dé la película todo servido.
Entonces los ensayos tenían que ver mucho con lo que se conversaba en relación al punto de vista de dónde se iba a contar la película.
-¿Qué leíste, qué investigaste, cómo fuiste preparando el personaje a ese nivel?-Leí mucho, leí Conchita, de Rodolfo Palacios, extraordinario libro, pero ése es un Barreda posterior. Es un Barreda que sale de la cárcel.
-Es el de las entrevistas.-De las entrevistas, y que se junta con la señora (Berta André, alias Pochi) y se van a vivir ahí a la calle Vidal, en Belgrano. Pero tener una noción de lo que él fue post asesinato a mí me sirvió mucho, es el hombre que queda después de cometer los crímenes. Me hicieron llegar el juicio prácticamente entero, vi su comportamiento en el juicio y en las notas que él iba dando, en relación a comportamientos, tipo de razonamientos, vocabulario, tipos de pausas. El tenía lo que llamaba de sí mismo una disartria, una forma de hablar, que a veces le costaba decir algunas palabras. Lo que me gusta es un poco bucear, el por qué una persona puede tener ese tipo de alteraciones. Leí las opiniones de Maldonado, que fue el psiquiatra que siguió el caso. O la primera perita psiquiatra que lo entrevistó, hablé con ella, estuvimos reunidos.
-Todo esto te debe haber demandado bastante tiempo. Estabas actuando en otras además, ¿cuánto tiempo estuviste elaborando el personaje antes de empezar a filmar?-Desde que Armando Bo me llamó un 26 de diciembre y me dijo “me gustaría que vos lo hagas. ¿Vos podrías? Tengo estas fechas”.
-¿Y cuánto tiempo pasó?-Bueno, esto habrá sido a principios de diciembre, y habremos empezado a grabar en febrero. No, tampoco es que es tanto, pero yo estuve todos los días estudiando la letra de la obra que estaba ensayando, y estudiando a Barreda. Yo digo que el capítulo es Freud, Einstein y Barreda, donde me gritaban los tres a la vez…
-¿Por qué creés que la gente siente tanta atracción por los casos policiales y los homicidios?-El morbo siempre fue un puntapié inicial de mucha… Se cae una persona en la calle y lo rodean 7,8 enseguida. Hay un accidente, o se tira alguien de un edificio y la gente quiere ver. Hay algo del sujeto vinculado al morbo, y eso la ficción lo sabe. Es una sociedad, la nuestra, que vive del amarillismo. Vos prendés la televisión o leés los portales, y todo tiene que ser así. Por eso la película se llama Barreda, y no se llama Cecilia, Adriana, Elena y Gladys, porque si vos no convocás con algo… Es una sociedad acostumbrada, lamentablemente, a eso. En un mundo ideal la película debería tener los nombres de las víctimas.
-Como el caso María Soledad…-Sí, tranquilamente. Pero bueno, siempre es lo que pide el mercado, que estalla y es Barreda. Bueno, ahora vean Barreda y bueno, después les cuento.
-Sí, dos. Lorenzo va a cumplir 18 y Aurora, de 14.
-¿Y qué hacen, o qué van a estudiar?-Lorenzo está muy lanzado a actuar. Termina ahora la secundaria y se va a meter en la UNA. Hicimos dos películas cuando era un poco más chico, Milagro de otoño y Perros del viento, las dos en Rosario, una en pandemia, la otra, antes.
-¿Seguís yendo a Rosario?-Sí, Tengo a mi hermana, mi sobrina, tengo primos y tengo amigos.
-Luis, ¿por qué serie de TV, película u obra de teatro creés que la gente te reconoce?-Por muchas. Por muchas. Cuando se hacían telenovelas, seguramente eran Padre Coraje, Montecristo; en cine, mucho Felicidades, Un oso rojo; en teatro, El pecado que no se puede nombrar, La última sesión de Freud, por nombrar las últimas. La gente me conoce más por los personajes que por mi nombre. En los últimos, ponele, seis años por ahí, empieza como a ganar el nombre y es una pelea que yo siempre siento que a medida que me vayan descubriendo por el nombre, yo voy perdiendo particularidad como actor. Siento que si empieza a estar por delante el nombre es porque algo no estoy haciendo muy bien. No debo estar actuando tan bien.
-Pero también que te reconozcan, porque les guste tu trabajo te permite que la gente vaya al teatro ver tus obras.-Sin duda que sí, sí. Pero yo prefiero perderme, evanescerme en el nombre de los personajes. Me daba mucha alegría que me llamaran “Doctor Ponce”, o “Rocamora”, siempre que prime eso estará por delante mi actividad que es ser actor. Para mí, Machín está atrás.
Fuente: Clarin