Lo que podía ser una señal de concordia y respeto, aun en las diferencias, se volvió a convertir en otro capítulo de las miserias políticas que supimos conseguir. Esta vez la excusa fue la misa en homenaje al papa Francisco.
Miserias en el nombre del papa Francisco
Lo que podía ser una señal de concordia y respeto, aun en las diferencias, se volvió a convertir en otro capítulo de las miserias políticas que supimos conseguir. Esta vez la excusa fue la misa en homenaje al papa Francisco, a un año de su muerte. Organizada en la Basílica de Luján por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), habían sido invitados los principales dirigentes del oficialismo y la oposición. Salvo la vicepresidenta Victoria Villarruel, nadie del Gabinete había confirmado su presencia.
Con Javier Milei y su hermanísima Karina en Israel, la vice -en el ejercicio formal, no práctico, del Poder Ejecutivo- iba a ser la principal exponente del Gobierno en el acto recordatorio. Enterados del riesgo de ese protagonismo que siempre intentan cercenar (¿para qué la pusieron en la fórmula?), los hermanos Milei dieron la orden a último momento que todo el Gabinete asistiera, encabezado nada menos que por Manuel Adorni. La sobreactuación continúa.
Como en el juego del gato y el ratón, un rato antes de la misa Villarruel avisó a las autoridades eclesiásticas que cancelaba su ida a Luján, para redireccionar su propia evocación al fallecido Papa en la iglesia donde fue bautizado, en Almagro. Por si no bastara con el gesto, la vicepresidenta corroboró la distancia con su explicación ante los medios de por qué había desistido de ir a Luján: “Estaba lo peor de la casta política”.
Según cuentan cerca de Villarruel, la descalificación apuntaba en especial a Adorni y a Martín Menem (que preside la Cámara de Diputados), ubicados en la primera fila de la Basílica de Luján, como una manera directa de apuntarle a los hermanos Milei. Como ya se ha dicho mucho, esa relación política y personal entre el Presidente y su vice está rota hace tiempo.
Pero también aclaran que Villarruel trató de diferenciarse del gobernador Axel Kicillof y de algunos intendentes peronistas del Conurbano, también presentes en la homilía recordatoria de Jorge Bergoglio.
Dos apuntes. Uno, la curiosa selectividad también de la vice para decir quién es casta. Mantiene diálogo con muchos dirigentes peronistas (incluso los que la imaginan sumándose a una opción electoral) y hasta se ha reunido con gobernadores cuestionados, como el formoseño Gildo Insfrán y el riojano Ricardo Quintela.
Segunda observación. Para contribuir a la mezquindad general, los elencos gubernamentales de la Nación y de la Provincia evitaron saludarse hasta en el momento de darse la señal de la paz, una expresión litúrgica de perdón y reconciliación. Pusieron de excusa que un pasillo los dividía. Parece que es mucho más que eso. Son los mismos que después cuestionaban por qué Jorge Bergoglio evitó venir a la Argentina durante su papado. Lo bien que hizo.
Fuente: Perfil